En Chile

5 de Julio, a eso de las 3 de la tarde. Ya no podíamos más de la expectación. Muchos de nosotros habíamos dejado botado los estudios, los trabajos, nuestras ciudades de origen, y estábamos a punto de partir al aeropuerto, a ver si lográbamos algo. Era más por las ganas de hacerlo que por obtener fotos borrosas con guardias pegándonos, simplemente teníamos que ir después de tantos años de espera como comunidad. En el camino, todavía nadie cree a lo que vamos, lo que va a pasar al otro día, o lo que ya había pasado. Mucho nos había costado creer que Muse vendría. En el pequeño grupo de 10 o 15 personas que regularmente asistíamos a las reuniones en Santiago, y en el pequeño grupo de no más de 30 que participábamos activamente del foro, la noticia llegó como un regalo una noche de Mayo, y de ahí nada detuvo a la seguidilla de acontecimientos que rodean un concierto. Claro, para el 25 de Julio éramos muchos más. En el aeropuerto, nos reímos, esperamos, conversamos. Muse no iba a llegar por la salida normal, pero llegó el equipo, y aprovechamos de conocer al jefe de seguridad, nunca es malo quedar bien con el lado oscuro de la fuerza. Nos devolvimos al centro, no podíamos estar decepcionados porque simplemente estábamos demasiado entusiasmados con todo. Algunos, más aperrados, partieron al hotel. Ahí, vieron a la banda en el bar, y muchos se retiraron luego de eso. Los que se quedaron tuvieron su recompensa, ya que salieron a saludarlos y sacarse fotos. Muchos simplemente no fuimos al hotel porque el otro día empezaría temprano y caótico.
26 de Julio, tan temprano que estaba oscuro. Personalmente, llegué a la Feria del Disco a hacer la fila para la firma de discos a las 7:45. Ya habían 50 personas delante de mí. Iban a ser 80 los que entraran. Y llegaba y llegaba gente. Teníamos la información de que a cierta hora saldrían a dar números a quienes habíamos llegado dentro de los primeros 80, lo que nunca sucedió.
Por supuesto, empezó a quedar el despelote, mucha gente peleando, echándole la culpa a la comunidad por la mala organización, etc. De nuevo, personalmente, me daba lo mismo, yo estaba “adelante”, pero de repente habían decenas de personajes con pintas muy reconocibles dispuestos a meterse como fuera, así que yo no tenía porqué aguantar. En fin, al final firmaron el disco de unas 180 personas. Era tan extraño verlos por primera vez. Sí, eran de verdad. Los administradores les entregaron los regalos, entre ellos la chupalla ya tan famosa.
Después de eso, cada uno partió con sus amigos a comer, a cambiarse ropa, a guardar los discos, etc, para después irnos al Caupolicán. Había que olvidarse de estar adelante a esas alturas. Una amiga llegó al teatro a las 7 de la mañana: no habían rejas, no había fila, no había orden, nadie les decía nada. Qué novedad. Llegué con un par de amigos al Teatro, nos sentamos en el suelo, conversábamos con la gente, ya daba lo mismo todo. Y todavía no entendíamos que íbamos a ver a Muse. Cuando abrieron las puertas, entramos como se pudo ( a lo chilenos, como animalitos). Algunos se aventuraron a meterse en la masa misma de la cancha, otros decidimos quedarnos atrás porque ya había sido un día demasiado largo. Entonces, a seguir esperando, a fumarse todos los cigarros del mundo, y seguir sin entender. Cuando destapan el escenario se produce el primer gran vitoreo, y ya estamos listos. Se apagan las luces. Y sale Muse.
Hay solo una palabra que describe el momento en el que suena el primer acorde, y es ese garabato que te manda de vuelta al lugar de donde saliste al nacer. New Born es la primera en sonar, in-cre-í-ble, y la segunda es Dead Star, y todos pa’ dentro porque no es algo que uno se espere, pero lo agradecimos tanto. Con esas dos canciones, viejas y potentes, empezamos recién a reaccionar. Y el concierto era todo lo que esperábamos, verlos tocar era ver y escuchar a Muse en su esplendor, no era menos por estar en Sudamérica, quizás no había la infraestructura de Wembley pero Matt Bellamy se tiraba al suelo tal como allá. Como comunidad, dentro de los regalos iba una pequeñísima carta (no más de tres líneas) donde les contábamos que habíamos hecho una encuesta para saber qué canción nos gustaría escuchar, que el resultado había sido Citizen Erased y que por favor la tocaran. Uno de los miembros de la comunidad se paseó el 25 y el 26 con un cartel que decía el título de la canción. Y la tocaron. Y después Matt se puso la chupalla para cantar Feeling Good. Cómo explicar la cara que teníamos, una mezcla de risa con agradecimiento con angustia. Y los llantos de la gente en Invincible, y las palmas en Starlight, y la histeria total con Knights Of Cydonia (todos sabíamos que iba a ser la última). Una emoción desatada tras otra, un recuerdo quemado con cada canción que sonaba, el concierto era remontarse a tantos momentos de nuestras vidas que se convertía en una experiencia completa, en un estado mental más que un episodio. No era perfecto ni imperfecto, simplemente era Muse en un escenario de nuestro país, era la banda que tanto queríamos escuchar y que jamás pensamos que vendría, hasta que sucedió. Salimos de ese teatro siendo otras personas, extasiados, en otra. Ni siquiera cansados.
¿Y después?. Algunos nos juntamos, otros debieron irse, se acababan los dos maravillosos días en los que estuvimos juntos todos, días en los que no habían distancias ni tiempos ni obstáculos. Y claro, vino una lluvia de críticas, y culpabilidades, y pesadeces que poco importan cuando, en la perspectiva que da el tiempo, se sigue notando quiénes somos “los que somos”. Fueron años de trabajo, de difusión, de organizar fiestas y promociones, que culminaron en ese concierto y en el reconocimiento del trabajo por parte de la banda y el manager. Posteriormente, cuando salió el especial del tour en Sudamérica en la NME, sonreiríamos al ver la bandera de la comunidad en las fotos y al leer las descripciones de los regalos que iban en los mismos, reproducidas en la revista.
Sin duda, fueron días agitados, y hermosos. Cuando se empieza a cumplir un año de los distintos hitos que marcaron la venida de Muse a Chile, sólo quedan gratos sabores de lo que fue todo el asunto. Muchos fuimos muy felices, y sólo nos queda esperar que el quinto disco los traiga de vuelta a nuestro país, tal como nos lo prometieron.
























